Guión Literario de Pasiones Encontradas
Lennys Ratten sind endlich da. Vorne Pepper, hinten Salt.
Lennys Ratten sind endlich da. Vorne Pepper, hinten Salt.
Quiero decir mil cosas, pero no sé que decir. Quiero decir que nunca me he robado un beso ni me la han robado a mí. Quiero decir que te quiero pero aunque me muero de soledad y miedo, no puedo. Quiero decir, o escribir, o gritarle al mundo que me odio, pero luego pienso que pensaran de mí y me arrepiento y otra vez guardo silencio. Quiero decir que soy de hielo, y que nadie se acerca y yo no me acerco, que quiero y pienso en hacerlo, pero por más que lo intento, no siento que puedo.
Quiero dejar de pensar antes de hablar, quiero que mi cerebro funcione y vea y crea con claridad, por que me marea que estes dando vueltas alrededor de un carrusel, por que tus piruetas y sonrisas ya me han cansado y quiero dejar de ser la que siempre llora en los baños y la que se traga las lágrimas en la regadera. La que siempre sonríe para no parecer muerta.
Quiero dejar de estar chueca, de que me duela la espalda y que mis sentidos estén bien otra vez; la vista se me nubla cada vez más, ya no entiendo las palabras, nunca he sabido a que huelen las flores y los sabores podrían pasar como si nada. Lo único que podría decir y funciona, es la piel, pero no lo sé por tus caricias ni por tus besos, lo se por que cada nervio mata al que sigue con cargas de electricidad que me queman dentro.
Y quisiera, la que más me gustaría, poder sentirte cerca, que supieras, que cada vez que te acercas podría tomarte de la mano y salir corriendo, pero tengo miedo, que mires a los ojos y me digas yo no quiero.
Olga Riebeling
----> ARTÍCULO:
Dicen que la sociedad mexicana no discrimina, que los individuos son todos iguales. No es cierto.
Vivo en México desde hace cuatro años, cuatro meses y 13 días, y ya me siento mexicana. Como habitante de este país y una persona que comparte esta cultura, me siento capaz de retroalimentar a “mi gente” sobre las cosas en las que podemos mejorar.
Soy de Brasil, tengo 18 años de edad y estudio Ciencias de la Comunicación en el Tecnológico de Monterrey. El sábado 16 de abril, salí con mi novio Pariss, mi hermano Neto y mi amiga Tatiana al Barzelona. Los chavos de la entrada nos preguntaron cuántos éramos para hacer la comanda, y todo parecía indicar que íbamos a entrar, pero al verme, uno de los guardias le dijo a mi novio que no podíamos entrar. Al instante, noté que él estaba enojado e incómodo, y no quería revelarme la razón por la que nos habían impedido el ingreso. De alguna forma terminé enterándome y terminé desconcertada, pues nunca esperé una reacción de ese tipo.
Cuando llegué a México, mis papás buscaron la escuela más chica para que yo pudiera estudiar sin problema. Y ahí estuve el último semestre de la secundaria. Luego, tuvimos que elegir dónde cursaría la preparatoria, y -otra vez- mis papás buscaron la más chica, para mi mayor comodidad. Yo me sentía lo suficientemente grande para tomar mis propias decisiones, así que decidí estudiar en el Tecnológico de Monterrey Campus Guadalajara. No puedo negar que al principio me costó trabajo, pero tenía el total apoyo de mis compañeros, maestros, padres y amigos, que con el tiempo se dieron cuenta que yo tengo las mismas capacidades que ellos, y que el hecho de que no pueda caminar tan fácil y rápidamente como ellos en nada limita mi capacidad intelectual, afectiva ni mi desarrollo como persona.
En Brasil, mi país de origen, siempre fui la primera en entrar a todos los lugares. Sin embargo, cuando creía tener la capacidad de esperar, esperaba parada en las colas, como cualquier otra persona. Creo firmemente que si aprovecho mi capacidad especial para tener privilegios exagerados o hacerme la mártir estoy yendo en contra de mí misma.
Lo que pasó aquel sábado, me hizo una persona más fuerte. Hoy más que nunca, tengo ganas de cumplir mi sueño: Quiero que mi hermanita y todas las demás personas con un “detalle especial”, en México y en cualquier parte del mundo, no pasen por lo que pasé, pero que sean tan fuertes como yo, y que vean que tienen las mismas capacidades que todos los demás: estudiar en buenas escuelas, tener buenos trabajos y principalmente ser aceptados por lo que somos, sin que nos “vean feo” y que ni nos hagan menos, ni nos hagan más.
Por medio de la presente quiero hacer eco de la voz de una parte de la sociedad que sufre discriminación y que está a veces acostumbrada a bajar la cabeza y callar. Son más de los que creemos, y lo que no sabemos, es que nos estamos perdiendo de la oportunidad de conocerlos, de defenderlos y de hacer que nuestra sociedad sea integral, tolerante y plural.
Atentamente,
Helena Cristina Cecilio Bebiano