unas cuantas cositas...

Jul 7, 2005 at 06:28 o\clock

Las Tentaciones

Nos ofrece San Marcos un momento de la vida del Señor, anterior al comienzo de su vida pública. Aparece Jesús, semejante en esto a todos los hombres menos en el pecado, sufriendo tentaciones. No explica el Evangelista de qué modo fue tentado, ya lo hacen san Mateo y san Lucas, nos basta por ello hoy con reflexionar –en la presencia de Dios– sobre la realidad de la tentación: como Jesús fue tentado y, superando esa prueba, rechazó a Satanás que quería apartarle de Dios, así nosotros, rechazando con decisión lo que nos pueda desviar del camino de la santidad, imitamos a Cristo y nos asemejamos más y más al ideal humano que vino a traer al mundo. La tentación es permanente en nuestra vida. Casi de continuo notamos la posibilidad, la inclinación incluso, de buscar la complacencia personal aun a costa de dejar de lado lo que Dios espera. También reconocemos, y es precisamente esto lo que da la grandeza a la vida del hombre, una continua ocasión de agradar a Dios, de amarle, hasta en las circunstancias más corrientes de la vida, por intrascendentes que a primera vista puedan parecer. Es como la otra cara de la misma moneda, pues, como afirma una antigua antífona litúrgica: "Quien sufre tentación es dichoso, pues, al ser probado y vencer, recibirá la corona de la vida". La tentación, la posibilidad de preferir nuestro gusto a lo que Dios desea, es, en todo caso, una realidad siempre presente en nuestra vida. Es claro, sin embargo, que la ilusión del hombre será moverse por impulsos positivos: filialmente atraído por el Amor de Dios Padre que nos invita a su intimidad. Pero, de hecho, ¡con cuánta frecuencia nos hemos alejado de ese Padre que tanto nos quiere! Es posible que casi siempre se trate de pequeños distanciamientos que no nos impiden la visión de Nuestro Señor: nos pasa casi sin darnos cuenta. Otras veces, en cambio, el apartamiento es total: el pecado grave destruye la relación con Dios que, ordinariamente, sólo se puede recuperar en el sacramento de la Penitencia. San Marcos menciona a Satanás como autor de las tentaciones. No es que el diablo sea siempre el origen directo de esa inclinación al mal que nos aparta de Dios. En este caso, sin embargo, se le menciona expresamente como provocador del pecado. Aparece como un ser personal que busca el mal del hombre al intentar desposeerle de su mayor gloria: la amistad con el Creador, el gozo de sentirnos amados por nuestro Padre Dios y de amarle. El diablo existe, no podemos olvidarlo, aunque no deba obsesionarnos su existencia ni preocuparnos especialmente. Es un ser espiritual y desgraciado que no puede amar, que odia a Dios, y a los hombres, porque somos hijos de Dios, destinados a su intimidad. Es uno de los tres enemigos del hombre, junto al mundo y a la carne. De estos tres enemigos procede todo lo que nos aparta de Dios y, por lo tanto, lo que nos hace desgraciados. El mundo el demonio y la carne son las tres tentaciones. El mundo es el poder, la riqueza y la fama, en sus diversas modalidades, cuando los preferimos a Dios. La carne es la sensualidad en su sentido más amplio: además de la lujuria, lo que es recreo de los sentidos y la comodidad, cuando por ello incumplimos del orden natural de la ley divina. El demonio es Satanás, que directamente o sirviéndose de otras personas o circunstancias de la vida, puede inducirnos a pecar. La tentación diabólica se reconoce por su obstinación, por su clarísima maldad, y por lo irracional del pecado que, sin embargo, induce.

Jul 7, 2005 at 04:34 o\clock

La vida misma...

Los padres de Rodrigo deciden que vaya un año al extranjero para aprender bien un idioma, a la vez que sigue con los estudios de bachillerato. Tras vivir con una familia que no era católica, regresa a su país. Un día, charlando con Pedro Antonio, un amigo en el colegio, sale el tema de la televisión. Éste le dice que hay tanta inmoralidad en la programación, "que no hay quien la vea; es que no se salvan ni los anuncios". Rodrigo reacciona de forma brusca. Dice que la gente como él ve pecados por todas partes; que "os han dado una educación en la que está prohibido divertirse: todo lo que es divertido acaba siendo pecado". Añade que "una cosa es respetar a los demás y no hacer daño, y otra es saber disfrutar de esta vida, que para eso está. Si no haces mal a nadie no tiene por qué estar mal; al revés –apostilla Rodrigo–, el daño lo harían los que crean en la gente remordimientos de conciencia cada vez que sólo quieren pasárselo bien". Él los considera gente estrecha e intolerante. "Hay que ir a otros sitios –sigue afirmando– y conocer otras mentalidades para darse cuenta. Yo no me meto con Dios viendo lo que quiero en la tele o pasándomelo bien: ni con Dios ni con nadie. Además, para mi Dios es bueno y misericordioso, y no me va a mandar a ningún infierno por esas cosas. Y no vengáis diciendo que si la Iglesia manda o no manda, porque donde yo vivía el año pasado estuve una vez con el cura católico de esa zona y me dijo que eso de los pensamientos impuros, que decís que es una porquería, era algo de egoísmo, eso sí, pero algo inofensivo: que no estaba bien, pero no era una cosa grave. Si por vosotros fuera, hasta soñar sería un pecado mortal; o, por lo menos, lo sería si te acuerdas de lo que has soñado".  Llegó la hora de volver a clase y ahí acabó la conversación. Pedro Antonio se quedó pensativo. Por una parte, los argumentos de Rodrigo parecían tener algo de atractivo. Por otro lado, tras el año de ausencia, veía a Rodrigo cambiado: más brusco de carácter, más altanero, peor estudiante, y, lo que más le afectaba, iba mucho más a lo suyo. Parecía que no le importaba lo que le pasara a los demás. Y notaba que su amistad se iba enfriando.

Jul 4, 2005 at 04:43 o\clock

El dolor es un mal... util

Algunos dolores pueden servirnos, y mucho: hasta el punto de sernos imprescindibles. Siguen siendo males, pero vale la pena sufrirlos si no hay otra forma de alcanzar un bien mayor o de evitar un daño más grave. Así, quien permite que le rajen con un bisturí para quitarse un apéndice averiado, no sólo quiere ese dolor, sino que encima lo paga. La oronda señora que se somete a un planchado de arrugas, con estiramientos incluidos, y se deja chupar la grasa con sofisticados aparatos de tortura, ama ese sacrificio con la misma lógica que el mártir, aunque sus razones sean sensiblemente menos ambiciosas: el mártir trata de conquistar el Cielo, y, para lograrlo, resiste los mayores tormentos. Ella sólo desea recuperar el Paraíso perdido de la esbelta juventud, enfundándose el vaquero, que es la vestidura del Edén.

Jul 4, 2005 at 04:36 o\clock

El dolor

        No vale la pena intentar siquiera una definición. El dolor encarcela al hombre dentro de su cuerpo; bloquea las compuertas del alma y le impide mirar hacia afuera; empequeñece el espíritu y repliega a la persona sobre sí misma. El dolor, como el gas, tiende a ocupar todo el espacio disponible. Penetra en cada célula, en cada rincón: impide el trabajo y el descanso; agría el carácter, y amenaza con destruir cuanto de bueno hay en nosotros. También los animales sienten el dolor; pero sólo el hombre, que es espíritu, sabe que lo siente aunque no lo entienda; reflexiona sobre su dolor, y se angustia. Es el espíritu, no la carne, quien de veras sufre y se rebela. El dolor pone ante los ojos del alma la evidencia de su corporeidad: nos hace entender que somos corruptibles y, por tanto, mortales. Todo dolor es un anuncio de la muerte. Por eso el alma, que es inmortal, se desconcierta, se descubre cogida en una trampa, prisionera más que nunca de la carne. El dolor angustia aun antes de padecerlo: cuando sólo se presiente. Peor que el sufrimiento actual es el miedo al dolor futuro, que llena el alma de sombras e impele a una huida imposible. Por evitarlo, hay quien traiciona a los amigos, a las propias ideas, a Dios. Muchas veces es más temido que la propia muerte. Por eso algunos eligen el suicidio con tal de no pagar el necesario peaje del dolor. A los quince o a los veinte años es posible haber tenido la experiencia del sufrimiento. Y, en todo caso, tarde o temprano llega.