Weblog von Patricia Wegenast

Jul 10, 2006 at 16:12 o\clock

Wenn die "Pro Chavez" nicht gewinnen ... dann... es ist alles "Betrug". Über die Wahlen in Méjico.

México: resultados debatidos
POR CARLOS MALAMUD. Investigador principal de América Latina
del Real Instituto Elcano y profesor de Historia de América de
la UNED.

ABC-Madrid

DESDE varias semanas antes de la elección los
mentideros políticos mexicanos repetían un aserto que de
repetido se hizo realidad: si gana Felipe Calderón por menos de
dos puntos porcentuales de diferencia (ganó por 0,58%), Andrés
Manuel López Obrador no reconocerá su derrota y movilizará a su
gente para intentar ganar en la calle lo perdido en las urnas.
Así fue, y como bien decía un titular de «La Vanguardia», López
Obrador ni supo ganar ni sabe perder.
Estos últimos días, la cúpula del PRD ha insistido en una serie
de argumentos que permitirían paliar los efectos de la derrota,
como la fuerte injerencia, que sí la hubo, del presidente Fox
durante la campaña; un exceso de clientelismo político (habría
que preguntarse qué ocurrió puertas adentro del Distrito
Federal gobernado por el PRD) o una utilización superior a lo
permitido por la ley del dinero destinado a publicidad
electoral del PAN, y otros gastos vinculados a la elección. Es
probable que las tres principales fuerzas políticas hayan
gastado más de la cuenta y hayan utilizado mecanismos
clientelares allá donde gobiernan para movilizar el voto de sus
bases. Pero todo esto que permitiría explicar, de alguna
manera, el resultado poco tiene que ver con la protesta de
fondo: la existencia o no de fraude electoral y la manipulación
de las actas por el IFE (Instituto Federal Electoral).
Muchas voces piden hoy un nuevo escrutinio, voto por voto, de
las 130.000 casillas (mesas electorales). Para justificarlo se
argumenta que si Calderón ganó en buena ley no debería tener
ningún temor a repetir el escrutinio y esto le daría mayor
legitimidad. El problema no está ahí. El problema está en que
todo lo que la democracia mexicana había avanzado en los
últimos años en términos de confianza de los actores políticos
con el sistema electoral está ahora en vías de retroceso. La
irresponsable actitud de López Obrador no colabora nada para la
consolidación de las instituciones en su país y el IFE era una
de las más valoradas por los mexicanos por su seriedad y su
neutralidad frente a los partidos políticos. Si López Obrador
tiene razón podría ser presidente, pero ¿y si no la tiene?,
¿quién devolverá a México todo lo que puede perder en el
envite?
Se dice que hay muchos motivos para la suspicacia, para un
posible fraude o una manipulación del resultado. Sin embargo,
dada la forma en que se fueron produciendo los distintos pasos
poselectorales, o el resultado es claro o, caso contrario,
estaríamos frente a la mayor y mejor conspiración nunca montada
en la historia de México. Más allá de las teorías
conspirativas, las piezas encajan con una racionalidad
inapelable. Tenemos, en primer lugar, las encuestas a pie de
urna, encargadas por los propios partidos y algunos medios de
comunicación a diversas empresas demoscópicas. La mayor parte
de ellas daba ganador por estrecho margen a Felipe Calderón.
Posteriormente entró en escena el programa de conteo rápido del
IFE, que escrutó 7.000 mesas seleccionadas en todo el país. La
noche de la elección, la autoridad electoral decidió, siguiendo
unos protocolos conocidos por todos, no comunicar el resultado
por haber empate técnico (la diferencia entre los dos
principales rivales era inferior al error admisible). Sin
embargo, cuando conocimos sus cifras, la ventaja había vuelto a
ser, y nuevamente por estrecho margen, para Calderón. Lo mismo
pasó con el PREP (Programa de resultados electorales
preliminares) del propio IFE. El resultado final, que no
computó el 100% de los votos, dio una ventaja inferior al 1% al
PAN.
Y así llegamos al escrutinio definitivo, que no se hace voto a
voto, ya contados en las casillas ante los interventores
(observadores) de los partidos, sino de las actas de cada mesa.
La ley electoral prohíbe recontar voto a voto, salvo casos de
discrepancias fundadas. Hoy el PRD habla de 30.000, 40.000 o
incluso 50.000 actas falsificadas o trucadas. ¿Dónde estaban
sus representantes? ¿Cómo puede un partido tan mal organizado
ganar una elección si ni siquiera está en condiciones de
movilizar adecuadamente a sus militantes para controlar la
limpieza del proceso electoral? El resultado del recuento dio
ganador a Calderón por 0,58 por ciento, una cifra mínima pero
suficiente. Según la ley, aunque la diferencia fuera de un
voto, Calderón hubiera ganado. Volvamos al recuento, ya que se
argumenta que otra prueba de la irregularidad es la remontada
final de Calderón. Son cuestiones técnicas, vinculadas a la
existencia de dos husos horarios diferentes en México y con las
actas que introdujeron primero y las que quedaron para el
final.
En cualquier lugar del mundo democrático las fuerzas
participantes hubieran dado por válido el resultado. En México
no. Pero, como ya se ha dicho, eso flotaba en el aire. Desde su
atalaya, de la que no se bajó nunca, López Obrador se
consideraba el gran ganador de la elección, aun antes de que
los mexicanos votaran. De hecho, durante mucho tiempo encabezó
cómodamente las encuestas. Por eso no fue al primer debate
televisivo, pensando que podía perder más de lo que podía
ganar. Y cuando las mismas encuestas que lo habían dado ganador
le dieron la espalda sencillamente las descalificó. Habrá que
ver qué dicen la justicia electoral y la Corte Suprema,
convertidas en árbitros de la contienda. En todo caso, no
estamos frente a un México partido en dos, como dicen algunos
analistas. Lesley Simpson nos recordó que hay muchos Méxicos
(el título de uno de sus libros), y no por haber votado de una
u otra manera los mexicanos se acostaron el sábado con un país
y se levantaron el lunes siguiente con otro diferente y
dividido.



Comment this entry


Captcha