Weblog von Patricia Wegenast

Nov 29, 2007 at 13:34 o\clock

Uno los reconoce cuando piden Whisky 18 anos!!

Uno los reconoce cuando piden un whisky de 18 años en los bares más exquisitos de Caracas. Se sientan a las mesas y abren enseguida las piernas, como agotados por el peso de su grandeza. Displicentes, cuelgan luego los brazos a ambos lados de la silla. Los 18 kilates de sus pulseras relucen tanto como el lustre de sus todoterreno enormes como anfibios recién salidos del mar, estacionados con una rueda sobre la vereda. Si debiera definírselos, se diría que pertenecen a ese club de personas que aprovechan la vida sin vergüenzas, con el beneficio del descaro y la osadía.

Sus vehículos se llaman Hummers y son la última moda en esta Venezuela bolivariana. Seis concesionarios de la General Motors los venden y hay que hacer cola para comprarlos. El país del llano ya acuñó un término: son los "boliburgueses", una sorprendente categoría social integrada por los nuevos ricos de la "revolución chavista" que este domingo decidirá en referéndum si aprueba una polémica enmienda a su Constitución. En general, se trata de los sectores empresarios enriquecidos bajo el gobierno de Hugo Chávez al amparo de una impresionante renta petrolera, la pujanza de la construcción y los zigzagueos oscuros del cambio de divisas. La oposición los señala como el pecado venial del chavismo y un indicio de su corrupción.

No es casual que ello ocurra: Venezuela flota en dinero. Y el contraste es visible para quien no visitó el país en los últimos tres años. Según cálculos independientes, el consumo crece a una tasa del 18% anual. Las calles de Caracas están atoradas por el tránsito; los restaurantes no dan abasto y los centros comerciales rebosan de gente. La semana pasada, el gobierno dijo que los venezolanos compran un celular cada dos segundos. Son los sectores adinerados y la clase media -justamente quienes más protestan contra Chávez- los que más ventajas sacan del modelo. "No se ve esta vaina dos veces", comenta a Clarín entre risas William Santos, un empresario tan pulcro en su ropa como adicto a los afeites y a la lavanda Fulton.

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http://www.clarin.com/diario/2007/11/29/elmundo/i-03001.htm


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