Weblog von Patricia Wegenast

Sep 30, 2010 at 18:13 o\clock

Tres días en Venezuela.Iñaki Anasagasti

TRES DÍAS EN VENEZUELA

Hacía cinco años  que no estaba en Caracas. En aquella oportunidad  lo hice  como Observador, Acompañante, Veedor o como se le quiera llamar de unas elecciones legislativas  en las que la oposición no se presentó. No se fiaba del sistema de votación y no quería legitimar a un presidente como Hugo Chávez  algo  menos subido a la parra como lo está ahora. No hay más que ver el video de la rueda de prensa desde el Palacio de  Miraflores del lunes para comprobar el dato: retador, prepotente, dueño absoluto de la verdad, desconocedor del adversario y de un colectivo  al que llama Mesa de la Ultraderecha. Algo inconcebible en Europa.

Y, una rueda de prensa, con cuatro preguntas cautivas  y unos obsequiosos periodistas que no le pusieron en aprieto alguno salvo una pregunta sobre la relación entre voto y escaño que le sacó de quicio motivando que desde Francia le retaran a una entrevista si es tan valiente. Hace cinco años elaboramos un informe. Chávez dijo que lo habíamos redactado en la piscina del Tamanaco bebiendo whisky.

   Estuve pues este domingo  26 de setiembre en  muchos colegios electorales. En Santa Rosalía, en el Fermín Toro, en el Parque Central, en la Universidad Bolivariana (no queda nada de aquel edificio de la Creole limpísimo), en el Valle, en Coche, en  el Colegio de la Consolación. Cuando llegamos a este centro docente, un orondo chavista me dijo: "aquí las monjas adoctrinan a las alumnas y les obligan a llevar uniforme". "Entonces como Chávez" le contesté. Añádase a eso  la diferencia en limpieza de los centros públicos que había visto y del colegio de las monjitas, que también era evidente. Y estuve también en el Liceo Andrés Bello. Una señora me habló de cómo a su hermano de 24 años le había matado su amigo de 23 por quitarle una franela. Sin embargo otra me  comentó que habían convivido ese día electoral  chavistas y no chavistas  e incluso compartido una arepa "reina pepiada". "Y es que la gente en Venezuela, señor, -me decía- no se quiere odiar, quiere convivir y los venezolanos, si ganamos vamos a trabajar para que unos y otros nos reconozcamos". Buena reflexión.

   Dos cosas positivas pues. Una oposición unida, con un Ramón Guillermo Aveledo al que conozco de hace muchos años, con un discurso en la noche electoral impecable. Un palo de hombre. Y un sistema electoral, que salvo la tardanza nocturna, no  fue  ya el objeto de la gran discusión. Es más, diría que es más garantista que en muchos países. Por tanto, un avance.

  Otro puede ser el no haber visto durante la jornada a los seguidores del chavismo con sus franelas y camisas rojas. Las había, pero no eran el mar de hace cinco años.

  Lo malo es una caprichosa, injusta  e ilegal  ley electoral aprobada, ante la ausencia de una oposición parlamentaria, que premia a Chávez su debilidad. A MENOS VOTOS, MÁS CURULES. Algo incomprensible en democracia donde las reglas electorales tratan de ajustarse con correctivos a la demanda democrática de un hombre, un voto.

   Y un ventajismo mediático increíble. Frente a doscientos candidatos de la Mesa de la Unidad, un solo candidato, con cara, ojos, regalo de televisores, cédulas del bien vivir, demagogia populista a granel, intimidaciones varias, omnipresencia, descalificación humana de los candidatos, y una total incapacidad para aceptar la crítica en su absurdo endiosamiento. Todos tienen la culpa. El solo tiene la razón. Pero no logró su promesa de los dos tercios, 110 escaños.

   Y ante esto y ante el riesgo de que legisle hasta el cinco de enero de forma abusiva y arbitraria, la oposición solo tiene un camino: mantener la unidad en una Venezuela donde cada venezolano desde que nace quiere ser presidente de la República. Hoy, los movimientos tácticos de los que desean serlo, son pecados de lesa patria. Y ya han comenzado. En lugar de hablar y detectar los problemas y hacer un diagnóstico y buscar a los mejores, algunos comienzan a enseñar la patita. Sinceramente yo se las cortaría solo por el hecho de ser tan insolidarios. Y los hay  ya alegando su mejor derecho. Hoy no hay mejor derecho para nadie. Solo el mejor derecho de la unidad. De lo contrario hay Chávez para cincuenta años más.

   Estuve el domingo  desde las siete de la tarde hasta las nueve en la puerta del Consejo Nacional Electoral en las Torres del Silencio. Esperábamos a los Observadores, perdón, a los Acompañantes, pero vimos que algo raro pasaba y nos fuimos cansados y hartos de la espera  tras un día agotador. Vimos todo lo demás a través de unos medios que informaron cuando a la madrugada el CNE se pronunció. Y no hubo ni balcón del pueblo, ni mitin en el Hotel Alba, ni nada parecido salvo la rueda de prensa del lunes, anunciando el inicio del joropo (baile popular venezolano), un joropo que puede ser un rigodón o terminar  en un furioso rock and roll.

   La oposición, ya tiene status institucional. Es un gran logro. La oposición tiene ya la mejor encuesta, que fueron las elecciones. Ya se sabe quién es quién. La oposición tiene ya  en la agenda las dos tareas a asumir: hacer parlamentarismo del bueno y preparar las elecciones presidenciales unida  y preparada para   dentro de dos años. La oposición tiene además el trabajo de que Chávez no logre demostrar que lo que pasó, no pasó.

   Me gustó estar en la Sultana del Ávila, aunque sus ropas estén ajadas y su mirada triste. La Venezuela del 26 S, puede ser el inicio de una nueva Venezuela. La que le pide a sus padres bendición, la que se forma para el futuro a pesar de que un millón de sus hijos hayan salido fuera de su país, la que se ríe y respeta, la que aborda los problemas para solucionarlos y no enconarlos. La que está preocupada por la terrible inseguridad. La Venezuela de siempre. Mi Venezuela.


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