Weblog von Patricia Wegenast

Apr 30, 2007 at 12:10 o\clock

Matando a Chavez. Por Gustavo Bolívar Moreno

 

  MATANDO A CHAVEZ
  Por Gustavo Bolívar Moreno.

 "La única manera de librarnos de esta pesadilla
que estamos viviendo es matando a Chávez y Chávez no  es fácil de asesinar. Tiene en el bolsillo a todas  las fuerzas armadas y sus anillos de seguridad son impenetrables. Por eso hay que matarlo desde lejos, con un francotirador apostado en la ventana de un
 edificio, como sucedió con Kennedy". El comentario vino de un hombre que venía caminando con su esposa  por la tercera planta del centro comercial Sambil en  Caracas. El señor, como de unos sesenta años, bien  vestido, bien hablado y bien culto él, se me acercó  con su mujer y entre los dos me hablaron en voz baja:
    -Señor Bolívar, yo lo vi. anoche por televisión y noté cómo el conductor del programa trató de  callarlo -apuntó el hombre. (Se refería a un gesto de desconcierto que hice al aire cuando estaba hablando de la censura que le habían aplicado a la  serie Sin tetas no hay paraíso y el conductor del  programa me hizo señas para que no fuera a decir lo que al presidente Chávez no le gusta escuchar).
  Yo acepté ante el hombre que eso sí había sucedido pero le expliqué que el presentador no lo hizo porque estuviera en desacuerdo con lo que yo estaba  diciendo, sino porque sintió temor de que su canal corriera la misma suerte que la RCTV. Y así fue. Y  así es. Los Canales de televisión Venezolanos están  mordiendo, todos, el anzuelo de la autocensura  temerosos de que sus licencias no sean prorrogadas  como le sucedió a RCTV. Luego, la jugada de Chávez
es una jugada maestra pues eliminó de un tajo a su  principal opositor y les lanzó a los demás
medios,  un mensaje subliminal terrorífico, que es el mismo que utilizan los dictadores: El que no está conmigo, está contra mí y puede  desaparecer. Lo sentí en cada entrevista.
  El caso contrario me sucedió dentro de un taxi
cuando le pregunté a su conductor por lo que él
percibía del gobierno de Chávez.
  -Ese es un hombre con pantalones que no le ha
temblado la mano para poner en su lugar a los ricos de este país y al presidente de los Estados Unidos. Es un varón y nosotros lo apoyamos porque está  haciendo por el pueblo, todo lo que los anteriores presidentes no hicieron por andarse robando los  bolívares. Acto seguido, el hombre me enumeró una  serie de obras sociales que ha realizado "El  gobierno bolivariano de Hugo Chávez y me llegó a  insinuar, cuando llegamos al tema, que si a él le  pasaba algo, el pueblo se iba a la guerra civil.
  Estos dos comentarios, aunque aislados,
representan, hoy por hoy, el pensamiento polarizado de los venezolanos que están sentados sobre una  bomba de Tiempo. La mitad de sus habitantes vive,  come, trabaja y hasta duerme pensando la manera más creativa de matar a Chávez, porque saben que él  jamás se irá del poder. La otra mitad, que sabe lo  que la otra mitad piensa, construye ideas sobre la
 manera de incendiarlo todo si a Chávez le sucede
algo. Futuro oscuro para una nación saber que si su  gobernante sigue acelerando su revolución socialista  la economía se va al suelo pero que si ese  gobernante muere, todo será peor.

   OPOSICIÓN RESIGNADA
 Pero el problema más grande que tiene Venezuela
 hoy en día no es la polarización, ni el estado de guerra mental, ni Chávez con sus medidas
 dictatoriales, ni la censura de prensa, ni la
catastrófica desaparición de la separación de
poderes tan imprescindible para una democracia, ni  la inflación del 17% en el 2006 y de 2% en enero de  2007, ni el fantasma del fraude electoral, ni la  amenaza sobre las normas internacionales sobre la  propiedad privada, ni la devaluación del Bolívar, ni  el dólar negro a 5.000 bolívares, ni las 68 muertes por cada 100 mil habitantes (una de las más altas de
Latinoamérica) , ni la inminente y cercana
masificación del auto eléctrico, ni el anuncio de
 Bush de reducir en un 20% el consumo de gasolina
 durante los próximos 5 años y ni siquiera el anuncio de Chávez de impartir educación socialista en las escuelas con 20.000 maestros importados de Cuba, ni la mala percepción de seguridad entre las gentes lo  que les impide caminar por las calles, ni la fuga de
 capitales, ni la fuga de cerebros, ni el secuestro de ganaderos en la frontera por parte de paramilitares y guerrilleros colombianos, ni la  amenaza latente de una nación poderosa y ofendida como los Estados Unidos.
 No. El principalísimo problema de Venezuela es que  la oposición se cansó. Bajó los brazos, se resignó.
  Y sin oposición no puede funcionar bien, ni siquiera un buen gobierno, si fuera el caso. Porque  independientemente de la buena o mala gestión de su  Presidente, cosa que no podría entrar a calificar  porque no vivo allá, Chávez necesita de la oposición  para legitimar sus actos de gobierno.
  Pero al parecer él ve las cosas de distinto modo y ha hecho todo lo posible por desgastar la oposición  y a fe que lo ha conseguido. No de otro modo el  Congreso Venezolano pudo votar a su favor, y sin  ningún tipo de contrapeso, la llamada "Ley  Habilitante" que le permite al Presidente Chávez  dictar decretos, con "rango, valor y fuerza de ley", durante 18 meses para "profundizar la revolución  bolivariana y avanzar hacia la construcción del  socialismo".
   ¿Pero cómo logró Chávez enfriar a sus opositores?
 Fácil. Controlando el flujo de divisas para que sus  empresas colapsaran, amenazando con expropiar  cualquier sector de la economía que no comulgara con  sus medidas, disparando durante las manifestaciones  para amedrentar a sus contradictores, imponiendo  multas a columnistas, incluso de humor como le  sucedió a Laureano Márquez del diario Tal Cual de Teodoro Petkoff; negándose a prorrogar el contrato  al canal RCTV y, sobre todo, porque pudo sortear,  durante dos meses y medio la paralización que de la  economía hicieron los sectores productivos enemigos de su régimen. Chávez no tuvo problemas en esperar,
 con paciencia de héroe, a que los gestores de la
 huelga general de que se prolongó por 62 días hasta  el 3 de febrero de 2003, se cansaran de protestar y  de perder dinero en sus empresas hasta claudicar  levantando el paro por su propia decisión aunque sin  un anuncio oficial.

  Desde entonces, Chávez gobierna a sus anchas, con  un sector de la prensa arrodillado y el otro
 amedrentado; los líderes empresariales y de la
 oposición pensando en emigrar junto con sus
 capitales; enlazando las cadenas de televisión, por  horas, cada que se le antoja; agrandando el estado a  niveles peligrosos de burocracia, con la creación de  nuevas empresas o la nacionalización de otras; sin  parlamento hasta mediados del 2008; con la justicia  en su bolsillo y con las arcas llenas de  petrodólares para sacar avante un proyecto de  socialismo que ha fracasado en todas las latitudes  del orbe. Un sistema de gobierno que prescinde de la democracia y del capitalismo aunque recurra a ellos  para sostenerse en el poder. Y así debe ser porque  socialismo sin dictadura no existe. El dictador es  al socialismo como el pueblo a la democracia. Uno  sin el otro no es posible. Y se impregnan tanto sus controlarlo todo, que incluso el gobernador del  Estado  Carabobo, Luís Acosta Carlez, intentó intervenir la junta de socios del equipo de béisbol Navegantes del  Magallanes, y el alcalde de Caracas, Juan Barreto expropió dos campos de golf en la ciudad con la aparente intención de construir en esos terrenos  viviendas de interés social. En el primer caso Chávez salió a desautorizar al gobernador, lo que demuestra su sagacidad al no involucrarse con la fanaticada de un club insignia del deporte nacional  y, en el segundo caso, apoyó las medidas del  alcalde.
   El panorama venezolano no es el mejor. Hablé con  personas que odian a Chávez y también lo hice con quienes lo adoran. Los integrantes del primer grupo que representa a la mitad de los venezolanos no quiere luchar más porque saben que a Chávez no lo  trasnochan las huelgas ni las manifestaciones  multitudinarias en su contra. Sienten que luchar no tiene sentido y por eso prefieren pensar en un término que se está masificando y al que muchos  denominan plan B. Consiste el famoso plan B en tener bajo el brazo una alternativa rápida para salir del  país con sus capitales.
  Tienen un problema y es que no encuentran la

manera fácil de realizar sus propiedades y
 convertirlas en dólares pues saben que el Bolívar es una moneda devaluada que les haría perder la mitad armada pero la sociedad Venezolana no tiene ese  espíritu beligerante y violento que existe en otras naciones del mundo como la nuestra. Afortunadamente el venezolano no tiene enquistada en su corazón la palabra guerra. Uno no se imagina a un venezolano tomando en sus manos un fusil para derrocar a un  gobernante. Punto a favor.

  Los integrantes del segundo grupo, los que aman a Chávez están felices. Sienten que por
fin alguien representa sus intereses y reivindicaciones sociales. Ven en su presidente al hombre que los respalda y les está consiguiendo un lugar digno en  una sociedad que antes los miraba de soslayo. Ellos ni están pensando en salir del país ni tienen con  qué hacerlo pues, a pesar de todo lo que se habla,
 los pobres de Venezuela siguen siendo pobres. Sobre todo porque Chávez no les está enseñando a pescar, tal vez no le convenga, sino porque les está regalando el pescado.  Aunque no todos caben en el  esquema burocrático que ha convertido en nuevos  ricos a cerca de 500 mil venezolanos, la mayoría  goza de mejores salarios y mayores prestaciones  sociales y mejoras en los sistemas de salud y de  educación.
   REVOLUCIÓN SIN AGRESIÓN
   Lo que no saben los venezolanos pobres sometidos  por décadas al saqueo de sus clases dirigentes, es  que todas las acciones sociales de la llamada  "revolución bolivariana" juntas no alcanzan a  representar para los pobres de ese país, ni la mitad  de lo que han logrado los pobres de Bogotá durante  las alcaldías de Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y
 Lucho Garzón. El primero, un hombre de centro que le apostó a la educación, la cultura y el orden, el  segundo un hombre de derecha que le apostó a la  infraestructura y el tercero un hombre de izquierda  moderada que le apostó a la educación y al desorden.
 Ninguno de los tres tuvo que recurrir a la cacareada  palabra "revolución" para ejecutar gigantescos  planes de gasto social y mucho menos atropellar a  los ricos de la ciudad para llevar a cabo sus  proyectos.

   Por el contrario, los ricos, han respondido  solidaridad a estos ambiciosos planes educativos y  culturales. Por ejemplo, Julio Mario Santodomingo  acaba de regalar 10 millones de dólares para educar  en la mejor universidad del país a los niños  aventajados de sectores populares. Ardila Lule  construye clínicas, Shakira construye escuelas,  Fernando Botero, padre, regala obras del arte  universal y las suyas propias a museos y parques de  Bogotá y Medellín. Luís Carlos Sarmiento construye
 polideportivos y apoya varias obras sociales y el  Sindicato Antioqueño y la Fundación Social apoyan  las microempresas. Algunos dirán que es muy poco  para las fortunas que poseen pero "algo es algo peor  es nada" como decían nuestras abuelas. Otros ricos no dan nada.
   Esto demuestra que los poderosos, manejados con  inteligencia son más útiles que cuando se manejan a  las patadas como lo está haciendo Chávez en  Venezuela. Los ricos, detestables, tacaños,  generosos, ventajosos o queridos, siempre existirán.
 Y no se puede arremeter sobre sus capitales y
 propiedades con un cambio de reglas de juego
 elaborado sobre la marcha. Si se quieren subsanar  las inequidades sociales, que evidentemente existen,  se debe recurrir a medidas que empiecen a funcionar  "a partir de". Porque muchos no son culpables de sus fortunas. Algunos las han heredado, otros las han  conseguido con mucho esfuerzo y otros con mucha  suerte y astucia.   No faltará el que se haya  enriquecido con dineros mal habidos provenientes del  estado o del negocio de la droga pero para eso está  la justicia y no todos se pueden medir con el mismo  rasero. Esto es lo que no ha entendido Hugo Chávez  sobre la propiedad privada y su obstinación por  estigmatizar a los ricos lo puede llevar al fracaso  de su revolución socialista. A los ricos no se les  debe combatir, se les debe utilizar y crear en ellos  una conciencia social. Con solo decirles que para  gastar todo el dinero que tienen no les serán  suficientes dos mil años, ellos empezarán a mirar a los pobres y a lavar sus conciencias, próximas al ocaso, entregando una parte de lo que tienen.
   Así las cosas, la Venezuela inconforme se enfrenta por estos días a un dilema difícil. Seguir con los  brazos caídos y dejar que Chávez, gobierne, legisle,  imparta justicia, eduque a sus hijos bajo el esquema  revolucionario, y maneje el presupuesto de la nación  con auditores amigos o volver a levantar la frente,  llenarse de nuevos bríos y conquistar el lugar que  le corresponde a la oposición de cualquier nación
 decente del mundo.
   Pero ese respeto que se requiere para ser tenido  en cuenta como una fuerza opositora no se logra  cantando joropo con letras ridículas en los programas de televisión mañaneros, ni agrediendo al  gobernante, ni tratándolo de payaso. La oposición se  gana un lugar y un respeto entre la gente y entre el  sombra.  Uniendo los capitales de los ricos y
 haciendo obras sociales en aquellos lugares a los  que el estado no ha llegado. Investigando con  seriedad.  Protestando con respeto, paz y
 obstinación como lo hizo Gandhi. Haciendo propuestas  objetivas. Alabando con honestidad y desprendimiento  las cosas buenas que hace el gobierno, porque las  hace.

  Fortaleciendo la democracia con foros donde
se estudien reformas urgentes, como la electoral, por  ejemplo. Estudiando al contradictor, desnudando sus falencias y debilidades. Encomendando el liderazgo a personajes con talla de estadistas, muy carismáticos como no lo fue el candidato Rosales durante la  última campaña y con mucha credibilidad, algo de lo  que pocos miembros de la oposición gozan por el sectarismo, el odio y la subjetividad como enfrentan
 a diario a su contendor. Pero lo más importante:
 Preparándose para gobernar cuando le llegue el  porque, como reza el adagio, no hay rey que dure
 cien años ni pueblo que lo resista.      Que no
les  vuelva a suceder lo que el 13 y 14 de abril de 2002,  cuando, después de derrocar a Chávez, impusieron  como presidente a una persona que no estaba  preparada para gobernar a una nación amenazada por  el estallido de una guerra civil.

 El remedio resultó más malo que la enfermedad y
 Pedro Carmona intentó disolver el parlamento, el
 tribunal de justicia, la fiscalía, la defensoría del  pueblo y se adjudicó poderes extraordinarios para legislar, por lo que varios sectores, entre ellos  algunos militares golpistas y otros de la misma  oposición, consideraron que las cosas iban a  empeorar y prefirieron abortar la intentona. Luego,  la aventura duró apenas unas horas y Chávez recibió  en bandeja de plata la oportunidad de regresar de la  Isla La Orchila donde estuvo detenido por algunos  miembros de las fuerzas armadas.
   Por eso, si lo que quieren sus opositores, por el  cansancio que les produce seguir luchando, es matar a Chávez, deben saber que a Chávez no se le mata con un rifle de mira telescópica y largo alcance, entre  otras cosas, algo indebido y sucio. A Chávez se le  mata con argumentos, ideas y un tesonero,  incansable, sano y buen ejercicio de la resistencia  civil. Y lo tienen que empezar a hacer ya o tendrán  que acostumbrarse a convivir con su exótica, ruinosa  y altanera manera de gobernar, porque si de algo han
 de servirle las facultades otorgadas por la "Ley
habilitante" es para elevar a rango constitucional  la reelección inmediata y vitalicia de los  presidentes, es decir su perpetuación en el poder.
  Sin democracia no hay libertad, sin libertad no
 hay felicidad y sin felicidad no hay paraíso.
 Resistencia Civil y pacífica.
  Percepciones de mi viaje a Caracas en el mes de
 febrero de 2007.
Gustavo Bolívar Moreno 
Escritor colombiano.

Comments for this entry:

  1. quoteCLAUDIA JULIANA wrote at Feb 22, 2008 at 21:43 o\clock:YAYITACLAU-@

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